Matemáticas + Emocionalidad
- Vivi Nieva

- 6 ene 2019
- 6 Min. de lectura
Me atrevo a relacionar mi historia personal con las matemáticas, entonces si retrocedo y voy a mi juventud una de las primeras cosas que recuerdo es lo bien que me llevaba con los números, matemáticas era y bien digo era, una de mis materias favoritas. El primer recuerdo que tengo es que tenía 8 años estaba en 3er. grado mi maestra Nena, era una de las mejores de la escuela, un día ella estaba parada en la parte final del aula contra la pared, observándonos a mi compañera y a mí, cómo resolvíamos cada una los ejercicios en la pizarra, pasaron unos minutos y empezó el enojo de la maestra, hasta entonces yo ya había terminado una multiplicación por dos cifras, mientras esperaba la aprobación muy orgullosa para sentarme, y de repente escucho los tacos de sus zapatos con firmeza marcando su paso y un silencio sepulcral invadió el aula, giro mi cabeza hacia la izquierda y veo venir a la maestra enfadadísima para castigar mediante “chuschones” mejor dicho, agarrada de pelos, a mi compañera porque no sabía resolver una multiplicación por una cifra, hasta ahí, esa fue mi interpretación. La cuestión, es que la maestra se equivoca y se dirige hacia donde estaba yo parada y me agarra de los pelos, me revoleó tanto la cabeza que lo recuerdo y aún siento mi cuero cabelludo sensible. Aún así la sigo recordando con mucho cariño, y no es ironía. En la secundaria amé mucho más matemáticas, no era la mejor, pero me llevaba muy bien con la materia. Llegué a 5to. Año me encantaba logaritmos. Había una prueba de repaso, la profesora Ana “la más temida de toda la escuela” pidió entre otras cosas un cuadro que yo, no tenía ganas de memorizar porque sabía resolver los ejercicios sin acudir a ese bendito cuadro, y ¿qué idea maravillosa se me ocurrió? COPIAR.
Amigos lectores no copien, es mejor decir no lo sé hacer. Se acercó la profesora me sacó las hojas las abrochó en mi cara y escribió: en una hoja en la parte superior con lapicera roja, “Original de copia” y un CERO GIGANTE y en la otra hoja escribió, “Copia” y me dijo en mi cara:¡¡ Tenes un Cero!! Y yo?.. Ufff! Pero ni se escuchó, ya estaba fuera del aula.
No sé si fue partir de ese momento o no sé en qué situación dejé de sacar cuentas, las horas parecían interminables, empecé a olvidar los días de cumpleaños, mis gastos personales dejaron de ser sumas, restas, divisiones y multiplicaciones son simplemente gastos. Tuve mi propio negocio y nunca me senté a sacar cuentas, estoy construyendo un montón de cosas y no saco cuentas. Resultados? Ni tan buenos ni tan malos agradecida por poder contarlo. Vaya paradoja lo de contar! en definitiva todo lo que nos rodea es pura matemáticas.
Hoy con mis 48 años entiendo que las matemáticas es una materia Maravillosa!! Pero en las aulas para muchos, provoca una verdadera pesadilla. El mito que las matemáticas son difíciles es falso. Y cómo se hace para revertir esta creencia?. Desde lo que yo puedo ver, lo primero que hay que trabajar es la actitud. Hay que romper la imagen temible y terrible que tienen de las matemáticas, demostrando que pueden ser divertidas, aparte de útiles para la vida. Siempre que alguien propone un juego uno se sonríe, entonces recordemos que el buen humor es la alta velocidad de la creatividad. Para los que me conocen saben de mi creatividad aunque a mí me llevó años reconocerla y plasmarla en la práctica. Pero tampoco alcanza con la sonrisa o el buen humor, sería de gran valor poder modificar su enseñanza. Según un estudio indica que: Hay que poner a los niños a jugar con peras y manzanas antes de hablarles de ecuaciones. Que toquen los números, que los manipulen, que les entren por los sentidos y les provoquen sentimientos, y luego recién ir a conceptos y fórmulas. Hasta ahora hemos funcionado al revés, y este es el error. Las matemáticas deben enseñarse a través de las emociones. Hay que provocar en ellos emociones positivas planteándoles retos, contándoles anécdotas, con actividades recreativas y, sobre todo, a través de dinámicas de grupos. Somos sociales por naturaleza, aprendemos más en grupo que si estamos solos. La idea es trabajar justamente ahí en los niños, en la escuela primaria. Está comprobado que las vocaciones científicas se forjan de los 6 a los 12 años. Si son estimuladas, claro está.
Entonces quién tendría la “culpa”de estar mal con las matemáticas? La maestra/o, la didáctica, el niño, el entorno? Dependerá de las matemáticas el éxito o el fracaso?
Debo reconocer que en 3er. Grado cuando la maestra me agarró de los pelos sentí muchísima angustia. Lloré sin parar, tuvieron que llamar a mi hermana que estaba en 7mo. Grado para que me consuele (mi hermana era una de las mejores alumnas de la escuela). Me abrazó y aún seguía llorando con mucha angustia. Fueron apenas segundos los que pasaron de sentirme tan orgullosa de mi capacidad en las matemáticas a sentir esa angustia tan tremenda, sólo era una nena de apenas 8 años que lo único que esperaba era el reconocimiento y nunca llegó. Las lágrimas y el dolor invadieron todo mi ser.
Y en 5to. Año sentí la frustración absoluta, la incapacidad, la angustia y el miedo. A partir de ese momento empecé a no querer resolver los problemas. Quise huir antes de enfrentarlos, no sentía confianza en mí misma.
Esta sensación desagradable fue mi compañía durante largos años, y me sigue como un fantasma porque aún no he logrado dejar de contar estos hechos que sin querer han marcado mi vida, mi personalidad, mis relaciones, mis éxitos y mis fracasos. Percibo que al contarlo de esta manera empezaría a reconciliarme con las matemáticas. Y dejaría también de bloquearme ante determinadas situaciones o de rendirme fácilmente ante una dificultad.
Increíblemente he leído en un artículo un ejemplo que me lleva a reflexionar: cuando el niño llega a casa con un problema que no ha podido resolver, y el padre le dice: hijo, yo también era muy malo en matemáticas, pero, después de todo, no me ha ido mal. "Del ejemplo del padre el chico infiere inmediatamente que aprender matemáticas no va a servirle de mucho para su futuro". El padre, en este caso estará reforzando su debilidad. "Sobre las matemáticas hay también mayor presión social". "Si un chico no aprueba las matemáticas recibirá clases particulares; si es en ciencias sociales en lo que no va bien simplemente le obligarán a estudiar más. Si suspendes matemáticas te dicen que eres torpe y si las apruebas, listo. Después de leer esto me dieron ganas de salir corriendo, en fin mi pregunta es,¿ tenía que pasar tanto tiempo para entenderlo? Abordando este tema con absoluta responsabilidad siento que debidamente hay que mejorar, la imagen de esta asignatura al alumnado, fomentar la colaboración entre profesores y psicopedagogos. "saber quiénes son sus alumnos y qué estereotipos sobre las matemáticas hay en su entorno, familia, amigos, comunidad social, que les hayan podido influir. Esto es lo que me ha quedado de mis lecturas, lo relacioné con mi historia personal y sacando cálculos he llegado a la modesta conclusión que las matemáticas son maravillosas, como lo dije antes, porque pude detenerme a pensar que si me reconcilio con ella podré observar de una manera distinta los obstáculos que se interponen en los resultados de mis metas u objetivos, para lograr debo sacar cuentas. Tomar medidas, hacerme responsable de cada resultado y buscar otras soluciones cuando crea que estoy siendo mezquina ante mis razonamientos.
La emoción que sentiré será distinta a la que sentí a mis 8 años y a los 17 años, hoy tengo 48 años y en el medio quedaron 31 años sin resolver esta disputa que tenía con las matemáticas, el resultado es que el tiempo que he perdido traducido en números es sumar el aprendizaje, restar lo que no funcionó, dividir lo bueno y ese resultado multiplicarlo en todas esas personas que hoy necesitan perdonarse de aquellos momentos que en el pasado se sintieron frustrados ante determinadas acciones. Les cuento algo? ya empecé a sentir una gran liberación, ya estoy concluyendo con mi relato, y mi compromiso a partir de hoy es empezar a sacar cuentas sin miedos, porque ya empecé a perdonar y a perdonarme, a no exigir y a no sentirme exigida. De al misma manera me comprometo a entender que la madurez de una niña/o no es la de un adulto. Comprendo también que las matemáticas son exactas pero la vida está repleta de errores y con infinitos resultados. Seamos compasivos, primero con nosotros mismos, aceptemos que un error también puede ser una lección y que puede ser aprendida, los problemas y los enojos, los podemos aceptar como desafíos y aprender de ellos. Seamos responsables de lo que nos sucede, dejemos ir lo que no podemos cambiar y el pasado amargo es una de esas cosas que debemos aprender a abrirle la puerta para que se vaya, dejarlo ir es nuestra decisión.
Salvador Vidal (El Masnou, 1952) propone: «La mitad de dos más dos son tres, ¿cómo lo explica?», te suelta, y logra lo que busca: que te quedes pensando. El resultado : La mitad de dos es uno, si le añadimos dos, da tres. En realidad, es un juego de palabras, no una paradoja matemática, pero he logrado que usted se pare a pensar y sonría. Se trata de esto.









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